Aprendiendo a meditar

Por Marce N. MéndezMarce Mendez

Hace muuuuchos años aprendí a meditar en Plenitud. Y hoy puedo afirmar que tanto la meditación contemplativa como la meditación reflexiva cambiaron mi vida para siempre.

Todo comenzó allá por 1989, cuando tenía apenas 22 años; si, si, ¡era muy joven!.

Llegué a mi primer clase de meditación con una actitud escéptica, distante… estaba segurísima que no era una actividad para mi  porque me consideraba muy rebelde y de mente inquieta. Y debo decir la verdad… al principio me costó ¡horrores!

En cuanto me sentaba en posición padmasana, me empezaba a molestar todo el cuerpo, mi cabeza volaba, los pensamientos me aturdían, me daba hambre,  y lo peor… me empezaba picar el pie, la cabeza, la oreja… ¡y no podía rascarme!

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¡La verdad que meditar era bastante parecido a una tortura china! No lograba concentrarme en nada. Recuerdo cómo luchaba  en cada clase con mi cuerpo, mis emociones y sobre todo mi mente siempre tan agitada, para ganar la batalla de la atención, No entendía ¿por qué no dejaba el curso? Si era taaan tortuoso!

Así pasaron los primeros meses, con ese sabor agridulce de asimilar, comprender y aprender una experiencia nueva. Y durante ese tiempo, pasó lo menos esperado, sin darme cuenta, como sucede con los grandes historias de amor me fui enamorando de las clases, los temas filosóficos y esotéricos que tocábamos, las respuestas al infinito que escuchaba, las palabras de mis compañeros y de mi instructora. Todo fue creando un ambiente de reencuentros, confidencias,  magia y transformación interna… Y,  un día menos pensado, durante un ejercicio de visualización logré la concentración sostenida por primera vez. ¡Ahhh qué satisfacción interior! ¡Fue magnífico! ¡Lo más parecido a una iluminación para mi mente tan infantil!

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Después de tantos años de práctica puedo asegurar que la concentración es vital para enfrentar la rutina, el día a día, las obligaciones, el estrés y la locura en la que estamos viviendo. Poder sostener la atención en un punto, observar y concentrarme son actividades del cerebro necesarias para asumir los retos de la vida cotidiana.

Concentrarme en el Centro  Ajna o entrecejo -entre ambos ojos, a la altura del Prefrontal- es llevar la energía mental al prefrontal o Centro Ajna para estimular, energetizar -iluminar- y concienciar esa zona del cerebro, que nos hace más humanos y menos “animales”. Es una clave para vivir mejor.

Por eso, hoy quiero compartir con Uds. un pequeño secreto para aprender a meditar, extraído del audio libro Meditar es dar existencia al alma de MTB -mi instructora de meditación- que allá por los noventa, lo leí en su versión original y que particularmente, a través de la práctica, cambió mi vida para siempre… y dice así:

“¿Cómo podemos detener la mente en un sólo punto?
Haciendo uso de nuestra voluntad, permaneciendo indiferente a cualquier estímulo externo en firme actitud.”

meditar es dar

La voluntad es la energía del alma… cuando el alma comanda, avanzamos en nuestros propósitos.

De esta manera sencilla y ejercitándolo infinitas veces, yo aprendí a concentrar mi mente cuando estudio, trabajo, leo, cocino, pinto o escribo.

La dispersión nos hace perder tiempo y energía, si enfocamos la mente somos más eficientes en cualquier tarea que nos propongamos hacer.

Hoy… a enfocarnos más, a tomar conciencia que podemos ahorrar energías y esfuerzos… y a llegar más lejos!! 🙂

¡Que tengan un hermoso martes de primavera!

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